El SOTANO PARTE III

Parte 2

Se quedó dormido viendo algún programa de la televisión que ya no recordaba y durante la noche se trasladó a la cama. Cuando despertó el sol ya brillaba con cierta intensidad. Se estiro disfrutando del suave contacto de las sabanas de seda negra sobre su cuerpo y sobre su pene erecto. Boca arriba sobre la cama observo el blanco techo durante unos minutos mientras en cierta lejanía notaba su erección. Le gustaba poder controlar su sexualidad de esa forma. Podía permanecer empalmado durante muchas horas y dejar de estarlo en cuanto lo desease, no importaba el lugar ni la situación, era una especie de maquina engrasada y programada a la perfección. No era un tipo modesto y no quería serlo. Sobre esto cavilaba mientras sus ojos permanecían fijos en techo sin apenas pestañear.
Por fin se animó a levantarse aparto las sabanas metió los pies en unas zapatillas de estar en casa decoradas con calaveras y se enfundo una bata. De su cuarto paso a la salita donde cogió un cigarro que encendió y continuo hasta el cuarto de baño. Abrió el grifo de la ducha para que se fuera calentando. Mientras tanto fumó llenando sus pulmones de humo y exhalando lentamente. Se acarició la barbilla y las mejillas y decidió que hoy no se afeitaría, una puede tener sus manías, pero no ser esclavo de ellas. Además, le venía bien un cambio de aspecto ahora que había empezado a cazar.
Dio un par de caladas más al cigarro y entro en la amplia ducha. Cumplo su rutina de aseo y con la rareza de orinar en la ducha. Cuando cerro el grifo se sentía limpio y en forma para un nuevo día, tras ponerse el albornoz se miró al espejo tras frotarlo y quitarle la humedad. Le encantaba lo que veía, su pelo negro reluciente, sus ojos azules y fríos sus labios finos y ligeramente crueles, su mandíbula fuerte y cuadrada. Era un hombre que a las mujeres les gustaba, hasta que le conocían de verdad, aunque solo una lo había conocido de verdad, aunque tenía intención de mostrarles a otras su verdadero yo.

En la cocina preparo café y se encendió otro cigarro, mientras lo hacía preparo un par de tazones con cereales y leche. Luego cerro las dos puertas de acceso a la casa, con llave y seguros. Preparo una bandeja, puso su café y los dos tazones y bajo al sótano. Era algo complicado abrir las cerraduras de las dos puertas con una sola mano, pero él era bastante hábil con las mismas. Abrió la puerta de abajo del sótano, allí no había luz salvo la que emitía la bombilla desnuda que se iluminaba cuando se encendían las de la escalera de bajada. Le habría gustado que no fuera así para poder sorprenderlas, pero se le había ocurrido tarde. En cualquier caso, sorpresas no iban a faltarles, esta idea le hizo sonreír. Y así lo vieron ellas, sonriendo con la bandeja en la mano, pero vero sonreír era más aterrador que cualquier otra cosa.
Ambas se apartaron de la reja, él les indico con un par de ordenes secas que se encadenasen los pies a los barrotes, luego entro y dejo los dos tazones en el suelo. Con un ademan les indico que comieran. La que él llamaba princesa cogió el tazón mientras la otra permaneció inmóvil.
-Tu, come, si en diez minutos no has terminado no habrá comida en todo el día. - dijo señalándola. Ella dudo mirando a su compañera. Esta le señalo el tazón y por fin se atrevió a cogerlo. Las observo mientras comían acariciándose el rostro.
-Tengo que ponerte un nombre. - dijo mirando al techo. – Me gusta el de Pequeña- dudo un instante. – Si, a partir de hoy te llamaras Pequeña, y cuando te llame y te diga que hagas algo, más te vale que lo hagas. ¿Queda claro? - pregunto amenazante. Ella con la cabeza agachada asintió levemente.
- Quiero oír, sí señor, a la Pequeña le queda claro- ordeno él.
- Sí señor, a la perra le queda claro- logro decir ella con la voz entrecortada por las lágrimas.
Paseo mientras ellas terminaban el desayuno. Luego les dijo que se quitaran la ropa. Princesa lo hizo sin rechistar, Pequeña dudo unos instantes. El cogió una fina vara de madera y entro en la celda, la golpeo dos veces en la espalda. Ella volvió a llorar, pero comenzó a desnudarse. La visión de los dos cuerpos desnudos, tenerlas a su merced, el llanto, lo excitaron, pero se controló. Les puso un par de grilletes a ambas y las llevo hasta el cuarto de baño.
-Princesa, enséñale a tu nueva amiga como debe lavarse. – ordeno. Ella tomo a Pequeña de la mano y la metió en la ducha. Abrió el agua y ambas se estremecieron cuando el agua fría roció sus pieles desnudas. Luego ella comenzó a enseñarle la rutina. Ambas se lavaron el cabello con el mismo champú con un leve olor a frutas. Luego ambas cogieron una esponja exfoliante como hacia él y se lavaron el cuerpo. Se frotaron la espalda mutuamente mientras el silbaba y observaba.
- Lavaros el coño la una a la otra- ordeno él. Pequeña lo miro sorprendida y se tapó el sexo, Princesa trato de advertirla, pero la vara ya silbaba camino de brazo de la chica donde dejo una marca roja. Aparto las manos dando un ligero grito, Princesa la sujeto.
- Tranquila, no es nada. - susurro. Él lo oyó y volvió a sonreír. Luego miro como Princesa echaba gel en su mano y la metía en la entrepierna de Pequeña. Froto durante unos momentos y luego la enjuago. A continuación, pequeña hizo lo mismo con Princesa.
- Salid, muy bien Princesa, eres muy buena profesora. – dijo el, acercándose a ella, luego metió un dedo en su vagina y lo chupo mirándola fijamente. – Perfecto, está limpia, prueba a Pequeña- mando a continuación. Princesa metió el dedo en la vagina de Pequeña que volvió a llorar.
- Esta buena, señor. - Dijo Princesa tras lamer su dedo.
- Mas te vale. - repuso él. Y las tomo por los brazos.
- Ahora voy a enseñar a no llorar a Pequeña. - anuncio. Volvió a bajar con ellas al sótano, cerro con llave la puerta y la metió en su pantalón. Encerró a Princesa en la celda y dejo a Pequeña de pie. Se acercó a una cortina y la descorrió, dejando a la vista un potro de tortura, una cruz y decenas de utensilios para causar dolor. Pequeña lanzo un grito e intento correr hasta la puerta olvidando la presencia opresora de los grilletes. El solo una carcajada y la levanto en el suelo. La llevo hasta el potro donde la ato sus brazos con unas gruesas cuerdas. Quedo con el pecho apoyado contra el potro sin poder moverse, sometida. El tomo un látigo y comenzó a azotarla, las finas tiras de cuero marcaron las nalgas de ella, que comenzó a chillar y a llorar. El saco su pene, completamente erecto y comenzó a masturbarse.
- Ahora lloras con motivo puta. - le dijo. La azoto un par de veces más y la penetro salvajemente, la cogió por el pelo mientras su pene desgarraba la vagina de ella. Ella siguió llorando, los chillidos y las lágrimas de ellas solo aumentaban su deseo por hacerle daño. Se corrió en su interior tirando fuerte de su pelo. Cuando termino se apartó de ella, su pene goteo algo de esperma sobre el suelo. El miro su mano derecha y vio que le había arrancado un mecho de pelo. Eso le hizo soltar una carcajada estridente. Luego miro a Princesa a los ojos.
-Procura que no olvide la lección- Metió la mano en su pantalón y le dio las llaves de la celda. - Desátala- ordeno mientras abría la puerta del sótano y la cerraba con llave. Subió las escaleras y se dirigió al ordenador.



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