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Dos para Una 1

Habíamos apurado la noche cerrando el pub de nuestro amigo Carlos, Oscar conducía ya que aquella noche no le tocaba beber, yo iba de copiloto y Ana iba sentada atrás asomando la cabeza ocasionalmente entre los cabeceros de los dos asientos delanteros. La acercábamos a su casa ya que se había mudado hace un par de años de nuestra ciudad a un pueblo a quince kilómetros de la misma. La radio estaba puesta y de fondo sonaba "Rock Fm" con alguno de esos éxitos de hace treinta años que tanto repiten. Comentabamos las "jugadas" de la noche cuando Ana anuncio con premura.

-¡Me meo!.
- Joder Ana, quedan diez minutos hasta tu casa.- le respondió Oscar.
- Es una meona.- Intervine yo.
- Venga para, y tu no digas nada que si llega a ser la rubia pararías sin decir ni mu.- añadió ella, dandome un golpe en el hombro.
- ¿Que rubia?- pregunte yo haciendome el inocente.
- La que no parabas de mirar en el bar- respondió ella.
- Estaba buena.- dije encongiendo los hombros.
- Muy buena - convino Oscar.
- Hombres, veis una rubia y se os cae la baba.- solo ella con una resoplido.
- En realidad me gustan mas las morenas, pero hay momentos en la vida de un hombre en que también empiezas a apreciar a las rubias.- explique.
- ¿Que momento es ese?- me pregunto ella.
- Dos horas después de tu ultimo polvo con una morena.- solté comenzando a reírme.
- ¡Que cabrón!- se carcajeo Oscar.
- Capullo- dijo Ana volviéndome a golpear el hombro.
- No pegues, que si te doy yo te quejas- le advertí.
-Nunca te atreves- se burlo ella.
- Eso es porque siempre me amenazas con denunciarme, además si te pego ahora te meas encima- le respondí girando la cabeza y sonriendo.
- ¡Oscar!, para ahí , en ese camino, venga que me meo- interrumpió Ana. Oscar negó con la cabeza pero le hizo caso. Cuando el coche se detuvo, Ana se quito el cinturón y se apeo del coche, mientras se escondía en unos arbustos yo le grite:
-¡Limpiate!- a lo que ella respondió enseñándome brevemente su dedo medio.

Mientras Ana aliviaba su imperiosa necesidad, Oscar rebusco en el bolsillo de sus vaqueros y saco el paquete de tabaco. Me tendió un cigarro y me lo encendió, proceso que repitió con el suyo. En un momento habíamos llenado el coche de humo así que abrí la ventanilla para que entrase algo de aire.

Ana no tardo en aparecer, tropezó con una piedra y Oscar y yo nos empezamos a reír. Ella se apoyo en mi ventanilla.
-¡Vaya zorrera habéis montado!, salir fuera , hace un temperatura estupenda- sugirió ella, y tenia razón, un fresca brisa corría aquella noche veraniega. Yo mire a Oscar que se encogió de hombros. Ambos salimos del coche y nos apoyamos en el capo del mismo, ella se puso entre medias y le comento algo a Oscar que yo no oí, me había ensimismado mirando al cielo donde las estrellas brillaban con fuerza.

-¡Tiene huevos!- grito Ana, sacandome de mis pensamientos.
-¿Que pasa?-
- Este , que ahora dice que tiene que mear.- me respondió ofendida.
- Es de vejiga pequeña como tu. - me reí yo.
- Que te den- se rió ella.
- Lo dicho, voy a ver si me la veo.- dijo Oscar alejándose justo en la otra dirección de donde había ido Ana. - No me quiero tropezar y caer en tu charco- se despidió tirando el cigarro.

En ese momento Ana se puso delante mía, no puedo evitar mirar su escote. Ella se dio cuenta.
- Pensé que te gustaban rubias- me susurro acercándose a mi oreja. Yo automaticamente me empalme, siempre me había gusta Ana, de hecho sabia que a Oscar también le gustaba, ella había tenido parejas igual que nosotros dos pero habíamos sido amigos desde siempre y a mi siempre me atrajo, pase temporadas buenas con otras chicas pero siempre me acordaba de ella y cuando no tenia novia siempre podía quedar por ella para charlar, así es muy difícil olvidarse de alguien, además ella había dejado a su ultimo novio tras unos cuatro años lo cual volvió a darme esperanzas y deseos que ahora salían a la luz en la notable erección que se marcaba en mi pantalón, ella puso mi mano en la entrepierna, me dio un fugaz beso en el que apenas pude apreciar su sabor y se agacho ante mi, bajando mi cremallera. Acababa de meterla en su boca cuando  Oscar apareció, yo gemí de placer y le mire.

- Joder- dije con voz ronca.
- ¿No te gusta?- dijo ella sacando mi pene de su boca.
- Claro que si pero ¿y Oscar?- señale yo, haciendo un ademán hacia donde Oscar estaba parado mirando la escena. Ella se giro y le indico con la mano que se acercara. Oscar dudo unos instantes y se acerco despacio. La escena era un poco rara yo allí con la polla tiesa, ella agachada y Oscar sin saber que hacer, Ana lo ayudo con esto ultimo, tiro de su pernera hacia ella y saco también su polla, y se la metió en la boca mientras que con su mano acariciaba la mía y me masturbaba. Estuvo cambiando de polla durante un buen rato, cambiando de polla y masturbando la otra mientras. Oscar y yo gemíamos sin decir  nada , ni mirarnos.

Mis sensaciones eran totalmente contradictorias, por un lado el inmenso placer de tener mi polla en su boca y por otra el dolor de compartirla. Intente sacarme eso de la cabeza y disfrutar. Ana se levanto y se quito la ropa delante nuestra mientras la mirábamos acariciando nuestras pollas.

- Un pecho para cada uno- dijo, Oscar y yo nos miramos y cogimos cada uno, una de sus tetas, acariciándolas, sobandolas, metiéndolas en nuestras bocas y mordiéndolas, lamiéndolas. Ella gemía apretando nuestras cabezas contra ella, araño mi espalda y tiro de mi pelo con fuerza para que la besase.

- Follarme- pidió con voz ronca. Yo la coloque contra el capo del coche y la tumbe, abrí sus piernas, y metí mi polla dentro de su coño. Ella lanzo un pequeño grito al notar mi polla dura entrando en su humedad cavidad. Ella subió sus piernas a mis hombros y comencé a follarmela con fuerza. Llevaba un minuto así cuando ella puso la mano en mi vientre y me aparto, se movió para colocarse en un lateral del coche con la cabeza mirando para fuera.

- Ven Oscar, follame la boca.- Oscar se puse frente a ella y metió su polla en su boca y empezó a moverla, yo volví a metérsela y me eche mas encima suya para penetrarla mas hondo y mas fuerte. Note como se corría, sus gemidos ahogados por la polla de Oscar que sujetaba ahora su cabeza contra el coche, tuve que controlarme para no correrme. Al poco cambie de posición con Oscar, metí mi polla en su boca y comencé a moverme con fuerza, sus mejillas estaban cubiertas de saliva, sacaba mi pene y volvía a meterlo viendo como brillaba cubierto con su saliva. Note esta vez por sus gemidos que se volvió a correr, cuando termino, me aparto y se bajo del coche.

- Venid - nos dijo, luego se puso en cuclillas y comenzó a masturbarnos.
- Correos sobre mi pecho, quiero vuestra leche sobre mi- dijo mientras, nos daba lametones en la punta de nuestros cipotes y nos seguía masturbando - ambos gemimos de placer al oír esas palabras y no tardamos en venirnos sobre ella cubriendo sus senos de nuestro esperma que brillaba bajo la luz de la luna.

Ambos quedamos jadeando, ella se levanto y nos beso a cada uno en la boca.

- Os quiero chicos.- dijo alejándose. La vimos recoger su ropa y sacar unos pañuelos del bolso para limpiarse. Oscar y yo nos miramos sin decir nada y caminamos hacia el coche donde encendimos un cigarro.

- Desde luego que todos los tíos sois iguales, acabáis, fumar y dormir, aiss señor- dijo Ana rompiendo el silencio. Yo sonreí y Oscar arranco el coche.- Eso llevarme a casa- continuo ella.
- Pues viendo como la chupas, te llevaría a la mía- conteste yo-
- Por encima de mi cadáver- dijo Oscar. Los tres nos reímos.

Quince minutos después estábamos ante su puerta. Bajamos a despedirnos de ella. Cuando me acerque a darle dos besos me detuvo con la mano.

- Chicos, se que lo que ha pasado es raro, pero se que os gusto a los dos y los dos me gustáis a mi, se que es egoísta por mi parte pero os quiero a ambos y os deseo a ambos por igual, a lo mejor no me creéis o lo dicho pensáis que soy un puta egoísta, no,  no digáis nada, puede ser difícil de entender. Nos conocemos hace años y hace muchos también que tenia la fantasía de hacerlo con los dos, de sentiros, de poseeros y de que vosotros me poseyerais a mi, pero no es solo sexo, yo, repito y perdonar si soy cansina, os quiero y me gustaría que, durmierais conmigo esta noche. - nos dijo ella, con una voz algo temblorosa.

Oscar y yo hicimos el mismo gesto con la mano, animandola a entrar primero, luego nos miramos y sonreímos. Aquella noche dormimos los tres juntos con ella en medio. Yo tarde en dormirme, había sido raro y yo nunca me había planteado un trio con otro tío y menos con Oscar pero había pasado y tenia que reconocer que me lo había pasado bien, pero dudaba si lograría controlar los posibles celos.

- No pienses, disfruta- me susurro leyendome el pensamiento, me giro hacia ella, bese su hombro y me quede dormido.










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Desayuno para tres.

Gracias a la suerte mi cumpleaños siempre cae en fiesta, no es por dar envidia pero es algo cojonudo porque lo puedes celebrar siempre, no importa en que día de la semana caiga, además muchas veces hay puente por lo que también puedes hacer una escapada durante unos días y salir de la rutina. Y eso mismo es lo que habíamos hecho para celebrar mi treinta y ocho cumpleaños escaparnos durante cuatro dias a una cabaña en mitad del campo para relajarnos, dar paseos, hacer una barbacoa o cualquier otra cosa que se nos ocurriese. Viajamos la tarde de antes de mi cumpleaños, que caía en viernes, por lo tanto viajamos el jueves tarde y si, se que esa conclusión la habríais podido sacar vosotros solos, pero es que lo recuerdo y me pongo nervioso. No era un viaje muy largo, algo mas de una hora que transcurrió apaciblemente, sobre todo para mi, que no conducía, conducía mi señora y me dedique a seleccionar la música, tarea harto difícil porque ya se sabe que al conductor hay que tenerlo contento y no distraerlo. Cuando llegamos, el dueño de las cabañas, un tipo calvo y demasiado servicial para mi gusto nos dio las llaves y nos informo de todo, ofreciéndose para traernos o llevarnos o enseñarnos o cualquier cosa que se os ocurra, como he dicho, demasiado servicial o quizás digo esto por la mirada que le echo a las tetas de mi mujer, quizás no, seguro que esa mirada tiene mucho que ver en la ecuanimidad de mi recuerdo sobre el. Me dieron ganas de darle un pescozón y decirle "Esas pechugas son mías", pero me controle, no tengo muy claro que mi mujer no me hubiese devuelto el pescozón por triplicado. Una vez el tipo se despidió, me toco la tarea de meter las maletas, ella conduce yo cargo, esta claro quien es el burro de la pareja, y su maleta pesa mucho, creo que mete piedras debajo para vengarse por las canciones que le pongo en el coche, tengo que revisarla un día a fondo.

Como siempre que llegamos a un sitio nuevo, echamos un vistazo para ver que todo estaba bien y cuando yo pensaba que podía sentarme a fumarme un cigarro en el porche de la cabaña ella me insto a deshacer la maleta y colocar la ropa, no había cigarro de momento.

- Si no la deshaces ahora ya no la deshaces- me dijo, como me conoce la jodia. Y claro me toco colocar toda la ropa, bien doblada y colocada como a ella le gusta.

Cuando terminamos, ambos salimos a fuera, nos sentamos en un sofá que había en el porche de la cabaña a contemplar el paisaje mientras nos fumábamos un cigarro. La cabaña estaba rodeada de montañas verdes y en aquella época se escuchaban los venados en celo.

- ¿Es bonito eh?- le dije.
- Mucho- me contesto sin apartar la mirada de las montañas.
- Casi tanto como tu- repuse yo. Ella me miro y sonrió, luego se giro y me dio un beso.

Luego dimos una vuelta por el recinto, donde había tres cabañas mas, todas ocupadas a juzgar por los coches estacionados en la puerta. De uno de esos coches salia un muchacha bastante bonita cuando pasamos, no saludo amablemente y le devolvimos el saludo, cuando se giro no pude evitar mirarle el culo, un culo muy bien puesto.

- ¿Que miras?- me pregunto mi mujer dandome un codazo.
- ¿Yo nada?- mentí yo.
- Le has mirado el culo.- me dijo en tono de reproche.
- Para nada.- volví a mentir yo.
 - ¿Que pasa te gusta?- ínsitio ella.
- Me gusta mas el tuyo- intente escapar yo.
- No te he preguntado eso, he preguntado que si te gusta el culo de esa chica.
- Joder, ya sabes mis gustos, si.- cedí agachando la cabeza.
- ¿Y porque me mientes?- porque me da palo.
- No pasa nada bobo, pero si la vuelves a mirar, te arranco los ojos. termino ella dandome un palmada en el culo.

Tras regresar a la casa estuvimos un rato viendo una serie de las que traía grabado en un disco duro, luego cenamos y seguimos con una película, yo elegía las series, ella las películas, ese era el pacto. Me toco ver una de terror, que las odio, "Eso me pasa por mirar culos" pensé. Cuando termino la película ella miro el reloj y se me acerco.

- Felicidades cariño- me susurro y me dio un beso seguido de un abrazo que yo devolví. Charlamos un rato y luego nos fuimos a la cama donde yo me pegue a ella y comencé a besar su cuerpo, tenia ganas de celebrar mi cumpleaños devorando su cuerpo, pero no pudo ser, ella me detuvo y me explico que tenia mucho dolor en el cuello y que lo sentía mucho y la perdonase. Yo  no lo voy a negar, estaba cachondo y me jodio, pero trate de entenderla. Al final me quede dormido pegado a ella como casi siempre.


- Despierta cariño, hora de desayunar- fue lo que me dijo, o algo muy similar porque yo estaba totalmente dormido en ese momento, abrí los ojos y la vi de pie al lado de la cama, agachada para susurrarme. Me lamió los labios y eso me despertó un poco pero lo que me despertó de verdad fue lo que paso luego. Ella salio del cuarto y fue hacia la cocina de la cabaña, al volver ya no estaba sola, ella y la chica a la que había mirado el día de antes entraban en la habitación con una bandeja con café, zumo y tostadas con tomate y aceite. En ese momento fue cuando me desperté de golpe mirando de hito en hito a las dos, vestidas con unos camisones de esos que apenas tapan el culo. Se pararon delante de la cama.

- Vamos cielo, colocate para que desayunes.- me pidió mi esposa.
- ¿Pero...?-
- No hay peros, el desayuno es la comida mas importante del día.- me atajo ella. Le dejo la bandeja ala chica, tiro de mi brazo y me incorporo en la cama. Luego la otra chica, que ahora podía ver mejor, de mediana estatura, basante guapa y melena castaña hasta los hombros me puso la bandeja sobre las piernas y se aparto, no sin que mis ojos se fijasen en su escote cuando se agacho durante el proceso.

- Vamos come- insistió mi mujer. Mientras se ponía a los pies de la cama con la invitada. Yo le di un torpe sorbo al zumo mientras mi vista se empapaba con la visión de aquellos dos bellezones, porque no se vayan a pensar que mi mujer no esta buena, lo esta y mucho y tiene también un culo de esos que dan ganas de comerselos cada día y además me aguanta y me quiere, casi perfecta vaya. A lo que ibamos, tras dar otro sorbo al zumo intente apartar la bandeja.

- Me gustaría mas comer otra cosa- dije mientras lo intentaba.
- De eso nada, tienes que terminarte el desayuno, todo.- me contesto ella. Yo retome la bandeja y mordí una de las tostadas mientras las miraba y allí fue cuando la cosa se puso difícil. Yo en esos momentos ya estaba muy cachondo pero cuando mi esposa y la otra chica comenzaron a besarse mi polla parecía querer salirse de los pantalones, intentar comer con la polla así y con esa visión delante vuestra, os aseguro que no es fácil y mas cuando la cosa se pone mas tensa aun y ellas comenzaron a besarse por todo el cuerpo a acariciarse mirandome fijamente , a desnudarse lentamente una al a otra delante mia. Con deciros que cuando vi a mi señora esposa agarrar los pechos de la chica y morder uno de ellos se me callo un trozo de tostada en el café. Mi señora estuvo un buen rato disfrutando de los pechos de la chica de vez en cuando me miraba con unos ojos que delataban vicio, morbo y perversion a raudales. Luego la otra chica comenzo a comerse sus pechos y la escuche gemir como antes lo había hecho la otra y mientras yo comía lo mas deprisa que podía notando como mi polla latía con fuerza dentro de mi pijama.

Mi mujer me miro y vio que ya casi había terminado.
- Buen chico- dijo acercandose, me aparto la bandeja y se echo sobre mi para besarme, note que la otra chica se acercaba y también se ponía de rodillas en la cama. Cuando mi mujer termino de besarme la otra chica se acerco.

- Soy Carla y soy tu regalo de cumpleaños- dijo con una voz ronca de excitacion. No me dejo responder ya que me beso a su vez, ambas empezaron a besarme, besarse, morder mi cuello, mis orejas, yo estire ambas manos para acariciar los pechos de cada uno. Luego fueron bajando por mi pecho deteniéndose cada uno en uno de mis pezones para chuparlos y morderlos. Y no se detuvieron ahi, siguieron bajando, note sus manos tocando mi polla por encima del pijama, yo gemí de placer y de ansia por tener sus bocas sobre mi pene. Mi mujer aparto mi pijama y lo acaricio, yo las miraba hacer jadeando de deseo. No tardo en agarrar mi pene y en acercarlo a la boca de Carla que se lo metió en la boca y empezó a mamarlo, volví a gemir al contacto con su boca que subía y bajaba por toda la longitud de mi polla mientras mi esposa me acariciaba y lamia los huevos. Se besaron y cambiaron los papeles, ahora mi esposa la tenia en la boca y Carla me comía los huevos. Ver aquello, dos mujeres devorando mi sexo, ver como brillaba con la unión de sus dos salivas, como se besaban y miraban mientras lo hacían no se me olvidara nunca.

Yo había cerrado los ojos unos momentos para concentrarme mas aun en la increíble sensación de placer que sentía en aquellos instantes cuando note movimiento. Ambas tiraron de mis piernas. Mi mujer se coloco sobre mi polla y se la metió de un solo golpe dentro suya mientras que Carla puso su coño en mi cara y comenzo a moverlo sobre mi boca. Mi mujer me puso una mano en el culo de Carla y otro en el suyo. Me inundo el sabor de Carla algo distinto al de mi esposa y el calor del coño de mi esposa envolviendo mi verga. Ahora la cabaña era una sucesión de gemidos de placer, yo gemía, mi esposa gemía y Carla gemía. Note como Carla se corrió sobre mi cara y eso debio  de excitar a mi esposa que se corrió un poco después, yo estaba también apunto cuando mi esposa se levando de encima mía y Carla hizo lo mismo, ambas se pusieron ante la cama de rodillas.

- Ven correte sobre nosotras- pidio mi esposa. Yo me acerque y dudando pregunte.
- ¿Donde?-
- Donde a ti mas te gusta, en nuestas bocas y caras.- me contesto ella y tras escuchar aquello no tarde mucho en correrme, aquello me excitaba sobre manera y ella lo sabia, decirmelo era un resorte para que me corriera y entre gemidos de placer el orgasmo subio por mi polla y el esperma comenzo a brotar de la misma cayendo sobre cara y sus bocas. Cuando termine estaba sudoroso y tembloroso, el orgasmo había sido fortísimo, primero mi mujer y luego Carla se la volvieron a meter en la boca para limpiarla y para rematar se besaron mezclando mi semen en sus bocas. Cuando se levantaron me susurraron "Gracias" cada una en una oreja y luego fueron a limpiarse. Lo de las gracias y besarse con mi esperma eran perversiones que mi mujer conocía así que deduje que conocía a Carla de mas tiempo. Pero como se habían conocido no me lo explicaron hasta la noche. Después de eso tomamos un café con Carla que además de muy caliente resulto ser una chica divertida y simpática.

Cuando Carla se fue, mi esposa me miro se me acerco, me cogió la polla con una mano y me dijo.

- Ahora solo para mi.- Y ya había vuelto a lograr que me empalmara.

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Ultimo Acto

Observaba los arboles a través del cristal del vagón donde viajaba, un instante, un árbol, otro instante otro árbol distinto, así es la vida un conjunto de instantes, lo que vemos no volveremos a verlo del mismo modo, siempre cambia algo, el lugar, el estado de animo, cualquier cosa pero siempre cambia algo. ¿No me creéis?, tengo cientos de sus sonrisas almacenadas, cada una con un rasgo diferentes. Una sonrisa que nunca volveré a ver y que se entrelaza con cada árbol, reflejada en el cristal y así un minuto y otro, usando su sonrisa para calmar mi ansiedad, gracias a ello logro regularla, aunque sude y mis manos tengan un tacto húmedo.
Me he levantado un par de veces a fumar al baño, la segunda vez me encontré al revisor nada mas salir, me miro y me pareció ver en sus ojos ganas de decirme algo, pero tras mirar agacho la cabeza, seguramente no le ha gustado la mirada que mis ojos devolvieron a los suyos. Eso me agrada, así seguramente nadie me tocara las pelotas durante el viaje y espero que luego tampoco.

Tras casi cinco horas llego a mi destino, me bajo cargando una pequeña mochila, con un par de mudas de ropa interior y otra del resto, un ordenador y el neceser. Tras salir de la estación enciendo un cigarro mientras la mayoría de la gente se abraza a otras personas, o corre para coger un taxi. Envidio a los primeros, uno no sabe hasta que lo pierde lo que vale un abrazo, aunque sinceramente si alguien intentase abrazarme ahora, lo apartaría de mi. Tire la colilla al suelo ignorando las papeleras y cogí un taxi, le di la dirección al taxista que intento un par de veces mantener conversación conmigo sin ninguna fortuna. Quince minutos después estaba en el hotel, pague, me baje y me registre pagando por adelantado una semana, la recepcionista fue muy amable, tolo lo contrario que yo, conteste secamente a sus preguntas y no le di ni las buenas noches. Cuando llegue a la habitación me desvestí, saque los licores de la nevera y empecé a beber mientras zapeaba en la tele. A la hora estaba lo suficientemente borracho para dormir, me quede dormido mientras acariciaba mi anillo, su anillo.

Me desperté temprano la mañana siguiente,  desayune ibuprofeno mientras me duchaba para despejarme. Luego salí del hotel, esta vez respondí a la recepcionista, una distinta y mas fea que la del día anterior, con un leve movimiento de cabeza. Pare en un bar a tomar un par de coca colas y luego alquile un coche. Cuando me subí en el, mire la dirección que anote hace años, la metí en el GPS y llegue allí en unos tres cuartos de hora. Aparque a unos cincuenta metros de la casa y me dedique a observar, no había mucho transito de coches lo cual estaba bien. De la casa solo salieron una mujer rubia y un niño de ocho o nueve años. Ni Rastro de el durante todo el día, quizás tuviese que cambiar de táctica.

Repetí la rutina de la noche anterior, vaciar nevera, dormir entre pesadillas, ducha, coca colas y viaje hasta la casa. Me fume un par de cigarros y seguí esperando, igual que el día anterior la mujer regreso a su casa a eso del mediodía cargando un par de bolsas de la compra, la vi entrar. Quince minutos después llame a su puerta. Cambie mi rostro por completo y me invente una historia para poder sacarle información, ella callo en la trampa, no trabajaba allí, solo estaba los fines de semanas. Le dije que le diese un recado. "Un viejo amigo quiere verte", llámame. Me despide de ella con dos besos percatándome del exceso de maquillaje en su ojo izquierdo. "Hijo puta" pensé.

El me llamo por la tarde mientras estaba en un local del centro bebiendo gin tonic y charlando con una rumana que había decidido que mis lacónicas contestaciones y mis ocasionales asentimientos eran motivo suficiente para entablar conversación conmigo. A decir verdad no había mucho clientela e imagino que ella se aburría, al menos era atenta y la bebida estaba buena. Cuando el teléfono sonó, mi corazón se sobresalto, tome un trago largo y salí a la calle, encendí un cigarro y descolgué.

- ¿Quien eres? -oí su voz por primera vez.
- Un viejo amigo de tu esposa y de tu hijo- le respondí.
- ¿Que quieres decir? , payaso - respondió agresivamente.
- Relaja, amigo, es una broma, me gustaría darte una sorpresa.- conteste.
- Déjate de juegos, quien coño eres. -
- Alguien a quien le debes dinero. - me tire el farol.
- Yo no le debo nada a nadie- dijo , demasiado deprisa.
- Mira tío, se donde vives, yo necesito cobrar, sino le debes dinero a nadie, todo arreglado, si lo debes, lo pagaras o ya sabes, tu mujer y esposa.- me respondió.
.- Cabronazo-
- Mucho, pero quiero que hagas lo siguiente.- le di la dirección del hotel y una hora para que fuese. - Y te repito nada de tonterías, ven solo, yo estaré solo, pero habrá gente vigilando que haces, si intentas irte me llamaran, podemos arreglar esto de muchas formas somos gente seria y decente, pero sin tonterías. Colgué, las manos me temblaban, tenia un día para prepararlo todo me relaje con otro cubata. No le había dado la habitación correcta del hotel sino una que tenia enfrente. Por si le daba por intentar localizarme, si venia a comprobar quien era, lo sabría por el escándalo.

Cene algo en el mismo bar mientras la rumana me contaba su historia, en un momento dado me dijo que había sido prostituta y me guiño un ojo. La mire muy seriamente. No es que fuera muy guapa y no se que estaba insinuando aun así espere a que el local se fuera vaciando.

- Si quieres dormir conmigo esta noche, te espero, si me quieres cobrar te pago, pero discúlpame si no he entendido si tu oferta era gratis o no, estoy fuera fumando- piénsalo y me respondes. Cuando volví a entrar ella me miro y me asintió, yo sonreí levemente, me vendría bien tener compañía esa noche.

Cunado termino se despidió de su jefe que había ido a recoger los beneficios del día y se monto conmigo en el coche, seguí dejando que hablara esquivando las preguntas que no me apetecía responder. Pare en un chino a comprar algo de hielo y le compre unos pastelitos que vi que miraba con mucho interés.

En el hotel charlamos mientras bebíamos otra copa y ella se comía los pasteles. En un momento dado ella fue al baño, cuando regreso solo llevaba la ropa interior, se acerco hasta mi asiento y trato de colocarse encima. La aparte negando con la cabeza, ella me miro contrariada.

- No te voy a cobrar- susurro.
- No es eso- le respondí apartándola. Su rostro reflejada tristeza.
- ¿No te gusto?- me pregunto, y no, no era eso, como dije no era muy guapa, normal, aunque cuando sonreía el brillo de sus ojos era intenso y su cuerpo era muy apetecible.
- No es eso, ven. - La tome de la mano y la tumbe en la cama, apague la luz, la abrace metiendo mi cabeza entre su pelo.
 - Duerme le dije- mientras mi cuerpo se estremecía con unos sollozos.
- Ella me cogió la mano.- joder cuanto necesitaba ese gesto.


Nos despertamos y desayunamos sin hablar de la noche anterior, se que ella habría querido preguntar pero opto por sonreír y hablar de cosas sin importancia. Luego me pidió que la acercase al trabajo, lo hice y aproveche para comer allí. Tras tomar una copa pague y le deje un sobre.

- No lo abras hasta que me vaya, gracias por todo, eres una buena chica, de mi ya sabrás tarde o temprano.- dije en voz baja, mirándola a los ojos, luego salí a la calle, tenia otra cita.

Había citado al tipo a las siete, no volví a mi cuarto sino que espere en un bar cercano a que apareciera. Cinco minutos antes de la hora lo vi aparecer por la esquina, cuando me sobrepaso comencé a seguirle dejando un refresco a medias que ya había pagado. El subió al ascensor y yo di unos cuantos pasos rápidos para meterme con el. Antes de que se diera cuenta tenia un cuchillo apretando su costado.

- Ya sabes donde vamos- le dije. El lo entendió y pulso el numero 5. El ascensor inició el ascenso, - Ponte esto y aprétalo con la boca- le ordene dándole una brida de plástico. - Y baja las manos para que no te vea nadie- termine.

No hizo falta, ya que no nos encontramos a nadie. Abrí la puerta rápido y lo empuje a dentro.

- De rodillas- le dije. Luego me gire y eche el pestillo. El intento empezar a hablar pero le di un puñetazo, el callo sobre el suelo, con la sangre brotándole por la boca y la nariz.
- Levántate y estate callado- dije resoplando. El lo hizo yo lo contemple. - Eres basura- dije, buscando el tabaco en mi pantalón, prendí un cigarro y le di un par de caladas luego se lo acerque, el comenzó a temblar.

- Como suponía, eres un mierda, ni te lo he puesto y ya tiemblas, un puto mierda- le insulte , luego le pegue otro puñetazo y metí un pañuelo en su boca. el gimió y yo le pise la cara.

- ¡Calla!- le espete al oído agachándome sobre el. Luego me senté en la cama con mi pie en su cuello. Había pensado en que le diría durante años y ahora no se me ocurría nada, en realidad solo quería terminar y largarme de allí. Fume dos o tres cigarros no lo recuerdo, mirando a la pared, al vacío, el mismo vació que sentía al tener mi venganza tan cerca. Por fin me decidí. Lo levante e hice que me mirara.

- ¿Ves esto? - le pregunte mientras me sacaba el anillo, le hice mirar las cuatro letras que había grabadas debajo, el las miro y sus ojos se abrieron en una mueca de sorpresa. - Veo que lo entiendes- proseguí acercando el cuchillo a su cuello, sus ojos se desorbitaron de terror.

- Tu tienes que pagar el precio por lo el daño que has causado y yo tengo que pagar el precio de amar a quien tu dañaste. - fue lo ultimo que le dije, luego raje su cuello, solté el cuchillo. Recogí algo de tabaco y el resto de la bebida que quedaba en la nevera.

Fui en coche hasta la playa, allí busque un sitio tranquilo, me senté cerca de la orilla y fume y bebí hasta que la policía vino a detenerme. Ahora estoy preso y solo puedo imaginarme su sonrisa en el pequeño espejo de la celda. La chica rumana de vez en cuando me visita, se caso y tiene una niña pequeña, no tengo muy claro porque lo hace, yo apenas le cuento nada, aunque ella me cuenta toda su vida y tengo miedo a preguntarle porque viene, no quiero que me diga que viene por pena y sobre todo me aterra que diga que viene por cariño o amor.








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Mi Paciente especial

Había pasado toda la mañana entretenido, primero limpiando y fregando cocina y sala de estar mas tarde preparando la comida, pollo encebollado una de mis múltiples especialidades, modesto que es uno, y por ultimo trabajando en una pagina web. Así que, las horas se me pasaron volando entre unas cosas y otras. A eso de la una de la tarde decidí darme un respiro y tomarme una coca cola fría mientras veía la ruleta de la fortuna, que guapa es la azafata por cierto. Llegaron las dos y me levante a poner la mesa mientras esperaba que llegase mi pareja a comer. Con todo dispuesto me volví a sentar en el sofá mirando el reloj de vez en cuando mientras mi estomago protestaba con furia ante mi insistencia en esperar a mi pareja para comer, romántico que es uno. Por fin a eso de las dos y media pasados escuche la puerta abrirse y a ella entrar como una exalacion, cerrar la puerta con un taconazo en el pie, gritarme "Hola mi amor" e ir corriendo al baño. Comence a reírme y le grite:

- ¡Limpiate!-. Me levante y puse a calentar el pollo mientras ella salia del baño donde se cambio de ropa para estar mas comoda. Cuando salio se acerco al frigorífico saco un par de coca colas y las puso sobre la mesa.
- ¡Que bien huele!- dijo mientras me besaba.
- Tu hueles mejor - le respondí.
- Eso deben pensar, ¡No has frito patatas!- dijo protestando.
- Patatas no que engordan y tienes el culo muy gordo, pero ahora mismo te hago una ensalada.- le respondí, saque una ensalada de las que ya vienen preparadas.
- Buitre- 
- Voila, ensalada para la señorita- conteste mientras depositaba la ensalada ante ella, ella comenzó a aliñarla mientras yo servía el pollo. Abrimos las coca colas, ella se hecho la suya en un vaso y yo bebí a morro de la mía. Comenzamos a comer mientras le comentaba como me había ido la mañana.Cuando termine le pregunte a ella que tal el medico.

- Bien, me ha dicho que estoy buenisima, me ha dicho corazón y me ha guiñado un ojo- me dijo sonriendo. Yo me quede con el tenedor a mitad de camino de la boca.
- ¿Que te ha dicho que?- pregunte asombrado. Ella volvió a repetírmelo contándome que la había saludado así,llamándola corazón y guiñandole un ojo y que lo de estar buenisima lo había dicho ella, el medico solo habia dicho que los análisis estaban bien.
- Que consuelo- conteste yo a su explicación.
- ¿No te alegras de que este sana?- pregunto ella.
- De eso si, de lo otro no, por eso me has dicho que deben pensar que hueles bien, sera jeta el tío, en su curro, si quiere guiñar ojos que se ha camarero- refunfuñe yo mientras por fin terminaba de llevarme el tenedor a la boca.
- Me encanta cuando te pones celoso- se rió ella.
- Riete, pero eso de corazón y el guiño sobra, la cabeza le guiñaba yo- respondí ofuscado.
- Que bobo eres, que no pasa na-
- Claro, solo pasa si me guiñan los ojos a mi-
- Por supuesto si es a ti , les saco los ojos- termino ella riéndose aun mas fuerte y haciendome reír a mi.

Terminamos de comer, fumamos un cigarro o dos mientras terminabamos de ver el telediario y ambos nos quedamos dormidos en el sofá.


No se muy bien que hora era cuando me desperté, me estire en el sofá y gire la cabeza para mirar al sofá donde ella dormía, estaba incorporada fumando un cigarro, estire el brazo y acaricie su muslo.
-¿Que tal la siesta?- pregunte.
- No muy bien, no me encuentro muy bien.- me contesto ella. Yo la mire mientras estiraba mi mano para coger un cigarro.
- Estoy como atonta, creo que tengo fiebre, me respondió. - deje el cigarro para luego y me levante a buscar el termómetro. Como de costumbre tuve que mirar en varios botes hasta dar con el. Me acerque y se lo tendí. Ella se me quedo mirando y una sonrisa fugaz y picara paso por su cara.
- Mejor ponmelo tu- me dijo.
- Tan mala no estarás- le respondí mientras me acercaba a poner el termómetro bajo su axila. Ella aprovecho ese acercamiento para tirar de mi hacia ella, me beso introduciendo su boca en la mía.
- Mejor pones el termómetro en otro sitio- susurro cogiendo mi mano y acercandola a su entrepierna. Yo la mire, lamí sus labios e hice lo que ella me ordenaba. Deslice los calzoncillos que me solía robar para andar por casa y me encontré su sexo ante mi, estaba claro que lo había preparado ya que no llevaba bragas. Pase uno de mis dedos entre sus labios y note que ya se había mojado, luego introduje lentamente el termómetro en su interior. Ella tiro de mis brazos hacia ella y volvió a besarme.

- Dejalo ahí para que marque bien lo caliente que me pones. - soltó mientras agarraba mi cabeza y me besaba con mas ansia cada vez. Nuestras lenguas se entregaban con pasión a explorar nuestras bocas mientras yo quitaba el resto de su ropa. Por fin me soltó y pude sacar el termómetro de su vagina. Lo mire y sacudí la cabeza.

- Tienes unas décimas cariño, creo que necesitas un tratamiento especial. le dije asiendo su cintura, me tumbe en el sofá y fui acercando su coño a mi boca saque mi lengua y la metí dentro suya, disfrutando como se excitaba y como empezaba a restregarse contra mi  llenando mis labios, mi boca, mi barbilla, mis mejillas con su sabor, con su placer, con su perversión. Entre el movimiento de mi lengua sobre su sexo y el de su coño contra mi cara no tardo en correrse sobre mi, note como se contraía contra mi clavando sus uñas en mis hombros. Cuando termino la empuje hacia atrás, abrí sus piernas y me coloque entre sus piernas.

- Ahora la inyección.- le dije penetrando en su interior con fuerza y de una sola vez, así su nuca con una de mis manos mientras que con la otra cogía uno de sus pechos con fuerza, ella gimió, mi boca volvió a pegarse a la suya mientras mis caderas comenzaban a moverse, sacando y metiendo mi pene de su cuerpo caliente. Ella me aferro el cuerpo con sus piernas apretando mi cuerpo contra el suyo, volvió a clavar sus uñas en mi piel a sabiendas de que aquello me excitarían aun mas, yo embestí con mas fuerza notando como mi polla llegaba al fondo de su coño, apreté aun mas fuerte sus senos pellizcando sus pezones mientras mi cabeza subía y bajaba de sus pechos a su boca, sin poder detenerme mucho tiempo debido al profundo deseo de poseerla por completo.

Nos corrimos a la vez, entre gruñidos y gemidos, mi esperma la lleno por completo. Quedamos entrelazados con los cuerpos sudorosos y la respiracion jadeante. Estuvimos así unos minutos hasta que ella me susurro.

- Curiosa manera de administrar medicina a tu paciente.- me dijo ella.
- Porque tu eres mi paciente especial- dije besándola, luego puse mi mano en su frente. - ¿Y sabes que? creo que sigues teniendo fiebre, asi que voy a prepararte un baño señorita paciente especial.
-Muchas gracias doctor- dijo besandome, luego se quedo mirando mi culo mientras me alejaba para prepararle el baño.




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Pregunta

Rabiamos paseado toda la tarde por la Capital de La Mancha, disfrutando de los monumentos, vistas y gentes varias que ofrece Toledo. También habíamos pasado por alguna que otra tienda, llenas de los souvenirs que tanto abundan allí, llaveros, espadas, armaduras y luego las típicas morteradas españolas como el toro y la sevillana. Nos detuvimos al caer el sol a tomar algo en una terraza bajo la muralla, charlando mientras tomabas un refresco y la noche comenzaba a envolvernos. La terraza contaba con unas bombillas metidas en antiguas lamparas de aceite y el camarero encendió una vela en medio de nuestra mesa. A ambos nos gusto y decidimos quedarnos a cenar. Ella ceno ligero, una ensalada, yo comí mas de lo necesario, probablemente por los nervios o como le dije a ella "Para luego rendir" mientras le sacaba la lengua. Tome secreto ibérico con unas patatas fritas y tarta de chocolate. Hablamos de todo un poco, familia, política, sexo, nos metimos con alguno compañeros de terraza, aunque deje que la conversación la llevara ella. Llegamos al café y ahí me decidí y comencé mi discurso.

- Sabes cielo, la gente , incluida tu siempre dice que tengo respuestas para todo y que me gusta decir siempre la ultima palabra.- Ella asintió y yo continué
- Pues bueno tu me has dejado muchas veces sin palabras, como cuando me dices que te sientes orgullosa de mi, o haces cosas por mi y me demuestras lo que me quieres, hay veces que no se que responder, puede que por miedo o porque este poco acostumbrado a que me digan ciertas cosas, ya sabes que soy un tipo complicado o al menos yo me considero así- mientras hablaba tome una de sus manos acariciando con mis dedos el interior de su mano, mientras metía mi otra mano en el bolsillo y proseguí mientras acercaba la mano que había metido en mi bolsillo a la mano que sostenía .

- Se que no soy perfecto, tengo muchos defectos y que soy bastante complicado de soportar a veces, así que en esto tu tienes la ultima palabra. - la mire fijamente mientras deslizaba un delicado anillo en su dedo. Una pequeña piedra brillaba en el centro del mismo y no, no era un diamante que para eso no llega el bolsillo.

-¿Quieres casarte conmigo?- le pregunte por fin, mientras la luna hacia brillar el anillo y nuestras respectivas lagrimas.





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El bucle de la asesina de demonios ajenos

Oberva mi cohorte de demonios, solo tu puedes matarlos, porque solo en ti confio. Matalos, destruyelos con bombas de racimo, racimos de palabras hirientes como afiladas dagas clavadas por la espalda. Golpealos, agrietalos, aniquilalos, quemalos, hazlos arder con tus uñas clavadas en mi carne anhelante, grabate a fuego en mi y carboniza sus cimientos. Devorame, devorame el alma. Derribalo todo y tiende tu mano hacia mi cuando las lagrimas desborden mis mejillas y caigan por mi cuerpo desnudo y suplicante de perdon. Hazme renacer, hazme olvidar mis culpas, mis temores, consume uno a uno cada uno de mis demonios y dame la paz, esa paz inmerecida y difusa, diluye la tormenta y dejame ver el sol reflejado en tu sonrisa, dejame sentirme util una vez mas, hasta que los demonios vuelvan y tenga que volver a suplicarte ayuda....