La pesadilla del que no soñaba

-ante un gran árbol, lo encontré apoyado en el mismo, viejo, decrépito, desdentado. Vestido con una raída túnica gris, mascando y escupiendo tabaco. Me detuve ante el, el levanto la cabeza y poso sus ojos en mi, su boca trato de formar una sonrisa, pero solo consiguió dibujar una mueca repugnante. Aparte mi mirada de el, escuche como escupía. Luego me pregunto con una voz ronca y fuerte, tan fuerte que parecía imposible que hubiese salido de aquel hombre.

-¿Sueñas?

- Recuerdo haber soñado, cuando los sueños eran buenos, cuando era invencible. Aquellos sueños no tenían defectos, siempre ganaba. No recuerdo ninguno exactamente, tan solo recuerdo la sensacion placentera que producían. Con los años aquella sensacion desapareció, deje de soñar- conteste.

- Seguro que algo soñaras- dijo el anciano volviendo a escupir. Yo asentí y el me hizo un ademán con la mano.
-Cuentame.

- No eran sueños como yo los conocía, era una continuación de hechos desagradables, noche tras noche, hora tras hora. Me despertaba sudando y nervioso pero apenas si recordaba algo durante unos instantes. Supongo que este sera uno de esos sueños- proseguí yo. El viejo volvió a sonreír, y me indico que le siguiese. Caminaba encorbado ayudandose de un gran bastón de madera. El camino que transcurría entre grandes arboles terminaba ante una vieja puerta de madera. El viejo se saco de la túnica una gran llave de hierro e introdujo la misma en la cerradura, los goznes de metal chirriaron. El viejo me hizo un gesto para que pasase. Dude un instante pero me acerque a la puerta, justo cuando la traspasaba el viejo me empujo hacia dentro, caí en un suelo húmedo y pegajoso. Escuche la puerta cerrarse tras de mi. Insulte al viejo, patee la puerta durante minutos, me raspe los nudillos golpeándola pero el viejo no abrió la puerta, Podía escucharlo reír al otro lado. Cuando me canse de su risa, decidí comprobar donde diablos estaba. Pude ver que era una especie de cueva, húmeda y oscura, comencé a avanzar por ella. Tuve que atravesar cientos de telarañas. Detesto las arañas y allí  parecía haber miles. No se durante cuanto tiempo camine, al final encontré otra puerta y delante de ella estaba el anciano, sonriendo con una gran araña en las manos. Su visión me enfureció, me lance hacia el, pero cuando trate de golpearlo se desvaneció. La araña que había tenido en las manos cayó sobre mi ropa, asustado chille. Aquel repulsivo bicho parecía asustado también y feroz, note como me mordía, trate de quitarmelo de encima pero cada vez que intentaba golpearlo me esquivaba y volvía a morderme. Me lance al suelo y rodé sobre mi mismo, escuche el crujido de la araña al ser aplastada contra el suelo. La araña lanzo una especie de gemido. "¿Desde cuando las arañas hacen ruidos" pensé. Daba igual el bicho estaba muerto, me levante, la visión de los fluidos del bicho en mi ropa me hizo vomitar. Las arcadas cesaron por fin, mire a mi alrededor buscando al viejo pero no lo vi. Tras un instante comienzo a oírse un ruido primero lejano, luego cada vez mas cercano. Era como si tocaran miles de pequeños tambores, aquello me asusto, me lance contra la puerta, imposible moverla. El ruido era cada vez mas fuerte, apoye mi espalda contra la puerta. Cuando aparecieron solté un alarido, decenas, centenares de arañas se aproximaban a mi. Patee a las primeras que llegaron pero el resto se abanlanzo sobre mi. Mordían mi cuerpo, arañaban mi piel una y otra vez. Notaba como arrancaban pequeños pedazos de mi. El dolor era insoportable, luche hasta que me quede sin fuerzas. Luego comencé a llorar, abrí los ojos y vi ante mi a uno de aquellos bichos justo en mi cara. Bajo sus dos patas delanteras provistas de extrañas garras contra mis ojos.........

Otra vez la risa del anciano inundo mis oídos, aparte las manos de mis ojos. Lo vi delante mía riéndose, saco la llave de nuevo y abrió la puerta, yo lo miraba atónito sin entender nada. 

- No......no......no estoy ciego- murmure por fin.
- No, esto solo acaba de empezar- contesto, dicho esto me levanto en vilo y me lanzo al otro lado de la puerta y volvió a cerrar.

Así se repitió una y otra vez , detrás de cada puerta me encontraba ante un nuevo horror. Uno tras otro, mis miedos y temores tomaban forma. Todo se volvía real, doloroso. Y tras cada experiencia la risa del viejo. Lo peor fue revivir los sueños buenos transformados en pesadillas, allí donde yo era el héroe, ahora era un traidor, donde había sido amado, era repudiado, donde había risas, lágrimas.

En una de aquellas puertas comencé a caer, metros y metros mi cuerpo caía en un abismo profundo y negro.     
Según caía un coro de risas me acompañaba, conocía aquellas risas, estaba la del anciano pero también estaba toda la gente que había querido, aparecían y desaparecían, señalándome y burlándose. Y yo caía y caía mientras las lágrimas resbalaban por mi rostro.

Abrí los ojos, sudoroso y temblando. Alargue la mano, encontré mi móvil, mire la hora, eso me tranquilizo, solo era un sueño, una puta pesadilla. Encendí un cigarro para tratar de calmarme. Aspire con fuerza dejando que el humo llenase mis pulmones, luego exhale. El humo que salia de mi boca era mas denso de lo habitual, lo mire extrañado, comenzo a tomar forma. Cuando sus formas comenzaron a resultarme familiares, chille.

- ¡No puede ser, esto es un sueño!- 

El humo se había transformado en el viejo y con el venia su asquerosa risa.

- No es un sueño- contesto y volvió a reírse. 

- Pe...pe...pero ¿Entonces?- logre preguntar. El anciano se acerco a mi, su boca estaba casi pegada a la mía, pude notar un aliento fétido salir de ella. Me contesto muy despacio.

- Estas muerto.- Abrí mucho los ojos, abrí y cerré la boca un par de veces antes de lograr articular palabras.

- Pero eso no puede ser, ¿Como puedo estar muerto?- pregunte. El anciano me volvió a coger en vilo, abrió la puerta de mi cuarto y susurro.

- Porque dejaste de soñar- y me lanzo al otra lado, caí en un suelo blando y húmedo que me resultaba familia, volví a oír el ruido de los tambores. De nuevo cientos de arañas aparecieron ante mi, esta vez eran aun mas grandes. Golpee la puerta gritando.

-¡No, otra vez no! ¡Soñare!, ¡Quiero Soñar!-

-Luego note el primer mordisco...






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5 comentarios:

Karmaya dijo...

Pum..mi comentario de ayer no ha salido. Resumiendo, porque hoy ya no me quedan fuerzas para mas... Me ha gustado.
La cruda realidad... Nos acompaña siempre, pero tb es bueno tener nuestro pequeño rincón con nuestros deseos, sueños, esperanzas... Etc para tenerlas tb presentes a diario. Cuamto mas presentes las tengamos... Mas cerca estará la posibilidad de que se hagan realidad.
Chao

Karmaya dijo...

Al fin consegui publicarlo... Casi a la tercera. Que torpe estoy dios

Irene dijo...

Si sé que me ibas a dejar este cuerpo no lo leo :)

JineteNocturno dijo...

Los hay mas amenos, quejicosa.

lisara dijo...

Hace demasiado que no tengo sueños bonitos, sólo pesadillas... en el fondo es cierto que cuando uno deja de soñar se acaba muriendo un poco por dentro