Salí de casa, con el pecho oprimido, asfixiado por ese sentimiento de traición que me envolvía y me atenazaba. Caminé hacia el centro comercial todo lo aprisa que pude, con la cabeza tapada por la capucha y la cara oculta tras la braga solo se me veían los ojos. Cuando entre en el comercio me baje la braga ante la mirada del segurata, mirada que mantuve fija en sus ojos, con desafió, cualquier problema exterior seria bienvenido para alejar los míos internos.

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