Los cuatro jugábamos a las cartas, apretujados en un pequeño refugio excavado en el talud de una trinchera excavada en aquella porción de Francia que les arrebatamos en 1914. Era lo que hacíamos la mayoría del tiempo que teníamos libre, es decir cuando no estábamos de guardia o haciendo trabajos de mantenimiento de las  trinchera o alguna patrulla ocasional. En cualquier caso quellos dias eran tranquilos, siempre había algunos disparos de artillería aislados y los centinelas intercambiaban

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